Día 28/08/2013 - 22.01h
Ha presidido la misa con motivo del 184 Capítulo General de la Orden de San Agustín. Antes recibía a 500 jóvenes italianos a los que pidió que «hagan lío»
El Papa Francisco ha culminado otra de sus intensas jornadas laborales de este agosto en el que no está disfrutando, ni de lejos, del descanso estival.
Ha querido presidir la Misa de inicio del 184 capítulo general ordinario de la Orden de San Agustín. Los agustinos se han reunido en el día de su fundador, en la basílica romana que lleva por nombre San Agustín, para comenzar este encuentro en el que elegirán al Prior General.
Tal y como hizo el día de San Ignacio de Loyola en la
iglesia del Gesù con los jesuitas, ha acompañado a otros religiosos, los
agustinos. Durante su homilía, el Papa Francisco ha advertido a los religiosos del peligro de «la mundanidad espiritual» y se ha lamentado por la existencia de «consagrados solterones».
«Pienso con dolor en los consagrados que no son fecundos, que son solterones; conserven la inquietud espiritual,
la inquietud de anunciar al Señor con valentía y de ir hacia el otro,
del amor hacia cada hermano y hermana». Ha insistido en este punto, la
inquietud espiritual, como el camino para llegar «al encuentro con el
otro» porque «la inquietud del amor siempre nos anima a acercarnos a los
demás, sin esperar a que el otro manifieste su necesidad». El Pontífice
ha repasado la vida de San Agustín y ha invitado a todos a seguir el ejemplo del santo de Hipona en su búsqueda de Dios.
Donde hay jóvenes tiene que haber lío
Previamente, el Papa ha mantenido un encuentro con unos peregrinos a los que también ha animado a buscar algo más. Francisco recibía a 500 jóvenes italianos que habían peregrinado hasta el Vaticano con motivo del Año de la Fe.
El Papa les ha pedido que buscaran un ideal, «el ideal de hacer un
mundo de bondad, belleza y verdad». Por eso les ha insistido en que
fueran «a contracorriente en medio de esta civilización que está haciendo tanto mal».
Por ejemplo, les ha dicho que fueran a contracorriente cuando piensen en consumir alcohol o drogas.
También les ha reprendido cariñosamente: «si no lo hacen, es por
flojera». En esa misma línea, ha indicado a los peregrinos que, cuando
un joven le dice que son malos tiempos y
que no hay nada que hacer, «le mando al psiquiatra», ha bromeado,
«porque, de verdad, no se puede entender un joven, un chico, una chica
que no quiere hacer algo grande. Luego, harán lo que puedan, pero la
apuesta es por las cosas grandes y hermosas».
Tampoco ha olvidado hacerles una recomendación. A todos ellos, les ha repetido uno de sus mensajes más impactantes pronunciados en Río de Janeiro, su ya famoso «hagan lío». «Sigan adelante, hagan lío. Donde hay jóvenes, tiene que haber lío». Los peregrinos, que provenían de la diócesis de Piacenza Bobbio, han hecho bastante «lío» en la Basílica Vaticana al recibir y despedir a Francisco.
Se han fotografiado con él, le han saludado y le han colocado incluso la pañoleta de la peregrinación que
cada joven llevaba en el cuello. El Papa ha respondido a su cariño con
un largo saludo que se ha prolongado durante varios minutos. También ha
recogido sus cartas y regalos y
ha bendecido sus artículos religiosos. Se ha detenido especialmente con
tres peregrinos con discapacidad que le han recibido con los brazos
abiertos. Al final de su discurso, sin papeles, el Papa ha deseado a los
jóvenes peregrinos «todo el bien, un buen trabajo y alegría en el
corazón».

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