«Todos estamos llamados a la santidad, que no consiste en hacer cosas extraordinarias», aseguró el Santo Padre
Con una amplia sonrisa, el Papa Francisco reconoció en la audiencia general una paradoja: «La Iglesia es santa, pero está hecha de pecadores».
No hablaba en general, pues añadió, al margen del texto, que está
formada «por fieles pecadores, religiosas pecadoras, obispos pecadores y
Papas pecadores. ¡Todos pecadores!».
Para dejarlo definitivamente claro, Francisco preguntó a
los ochenta mil fieles que llenaban la plaza de San Pedro: «¿Alguno de
vosotros está aquí sin sus pecados? ¡Ninguno de nosotros!». La pregunta
tan directa fue una sorpresa total, pero los fieles la entendieron, y la
respondieron con un gran aplauso.
El Papa quería explicar que, a pesar de tantos fallos
personales, la Iglesia es «santa» porque forma parte del Cuerpo de
Cristo y porque invita a la santidad a todos, especialmente a los
pecadores. Es cierto que «a lo largo de la historia ha habido la
tentación de algunos que decían: la Iglesia es sólo de los puros, los
demás hay que alejarlos. ¡No! La Iglesia no rechaza a los pecadores:
al contrario, los acoge, está abierta a los más alejados, llama a todos
a dejarse envolver por la misericordia, la ternura y el perdón del
Padre».
El Santo Padre añadió que «la Iglesia nos ofrece a todos la
posibilidad de recorrer el camino de la santidad, que es el camino de
los cristianos». Es la vocación de todos, y lo repitió con fuerza: «No
tengamos miedo a ser santos. Todos estamos llamados a la santidad, que
no consiste en hacer cosas extraordinarias, sino en dejar que Dios obre
en nuestras vidas con su Espíritu».
Era una mañana de sol radiante, y el Papa estaba muy
contento. Antes de la audiencia dedicó cuarenta minutos a recorrer los
pasillos de la plaza en el «papamóvil» para que todos pudiesen verle de
cerca. Besó a docenas de niños y saludó con gestos personales e incluso
dando la mano a miles de peregrinos.
Era un encuentro de familia. Fraternal. Cuando está en
confianza, Francisco hace bromas si le llaman «Santo Padre». Siempre le
ha bastado que le llamen sencillamente «padre». En su catequesis no
trataba a los fieles como «hijos e hijas», sino que les decía, como
dirigiéndose en privado a cada uno: «querido hermano, querida hermana».
Fuente: http://www.abc.es/sociedad/20131002/abci-papa-iglesia-pecadores-201310021233.html
Día 02/10/2013 - 12.47h

