Alejandro Palafox B. para Alianzatex
Publicada: Agosto 20, 2013
Publicada: Agosto 20, 2013

Papa Francisco. ARCHIVO
Texcoco,
México.- (Texcoco Press).- "Cuando no se confiesa a Jesucristo, se
confiesa la mundanidad del demonio". Lo dijo el Papa Francisco en la
homilía de su primera misa como Pontífice, celebrada en la Capilla
Sixtina después de su elección. El nuevo obispo de Roma, del "fin del
mundo", ha citado en diferetnes ocasiones al diablo en su predicación.
En la plaza San Pedro, el 24 de marzo, al celebrar la Jornada de la
Juventud, recordó que la alegría del cristiano deriva no de la posesión
de muchas cosas sino del encuentro con Jesús, "del saber que con Él no
estamos nunca solos, incluso cuando el camino de la vida choca con
problemas y obstáculos que parecen insuperables, ¡y hay muchos! Y en
este momento viene el enemigo, viene el diablo". El 4 de mayo, durante
la misa matutina en Santa Marta, al reflexionar sobre la persecución de
los cristianos, Francisco habló del "odio del Príncipe de este mundo
hacia cuantos han sido salvados y redimidos por Jesús".
Estas
alusiones repetidas, que en su momento fueron destacadas por la prensa,
ofrecen el punto de partida para una reflexión del padre Giandomenico
Mucci en la revista de los jesuitas "Civiltà Cattolica". "Desde hace
varias décadas -escribió- la predicación católica se ha olvidado del
diablo que, en cambio, está muy presente en los documentos del mismo
Vaticano II. Algunos teólogos acogieron la oponión según la cual Satanás
es fruto de la fantasía humana que se desarrolló en el área del
paganismo y que penetró posteriormente en el pensamiento judío". Se
explicaría de esta manera "la agitación suscitada, entre los creyentes y
los no creyentes, por la predicación del Papa sobre el diablo".
El olvido
del diablo es un fenómeno que ha caracterizado particularmente los
últimos cincuenta años. Justamente para indicar este fenómeno,
recordando las diferentes citas del Evangelio, del Apocalipsis, de las
Cartas Apostólicas, de los Padres de la Iglesia, de los Concilios y del
magisterio de los Papas, en 1975 (durante el pontificado de Pablo VI) la
Congregación para la Doctrina de la Fe publicó un estudio titulado "Fe
cristiana y demonología", que trataba de detener el intento de
"desmitización de la secular doctrina de la Iglesia sobre Satanás".
En el
artículo de padre Mucci, una parte consistente está dedicada a amplias
citas del discurso de Pablo VI, que el 15 de noviembre de 1972 dedicó a
este argumento la catequesis de la audiencia general, afirmando que "una
de las mayores necesidades de la Iglesia hoy es la defensa de aquel mal
que llamamos Demonio". Papa Montini subrayó que "el mal no es dolo una
deficiencia, sino una eficiencia, un ser vivo, espiritual, pervertido y
pervertidor. Terrible realidad. Misteriosa y atemorizante. Sale del
cuadro de la enseñanza bíblica y eclesiástica que se niega a reconocerla
como existente".
Pablo VI
puso en guardia ante la actitud de los contemporáneos: "algunos piensan
encontrar en los estudios psicoanalíticos y psiquiátricos o en
experiencias espiritistas, hoy desgraciadamente difundidas en algunos
países, una sufciente compensación. Se teme volver a caer en teorías
maniqueas, o en temerosas divagaciones fantásticas y supersticiosas. Hoy
se prefiere mostrarse fuerte y desprejuiciado, seguir positivismos,
salvo, luego, para dar fe a muchas gratuitas veleidades mágicas o
populares, o peor abrir la propia alma a las experiencias licenciosas de
los sentidos, a las deletéreas de los estuperfacientes, así como a las
seducciones ideológicas de los errores de moda, fisuras todas ellas por
las cuales el Maligno puede penetrar fácilmente y alterar la mentalidad
humana".
Las
palabras de Francisco, pues, vuelven a indicar la presencia del diablo,
una presencia que en las últimas décadas (después de la fase del olvido)
se puede percibir como una exageración del sensacionalismo o del
folclore de las noticias sobre el satanismo. Por este y otros motivos,
el artículo del padre Mucci en "Civiltà Cattolica" concluye: "Existe el
riesgo de que el cristiano de excesiva importancia al diablo, seducido
por la pacotilla de cierta prensa y de ciertos servicios de la
televisión que inducen a deleitarse en el escalofrío que causan
intervenciones diabólicas verdaderas, presuntas o inventadas. Satanás
existe y tienta al hombre al mal y le puede incluso dañar gravemente.
Pero no puede impedir en nosotros ni la vida evangélica ni la salvación
eterna. Él es como un perro rabioso y feroz, legado con una robusta
cadena a la pared. Puede atacar y matar si el hombre se acerca al radio
de acción que concede la cadena. Esa cadena es Cristo".
Fuente: http://www.alianzatex.com/nota.php?nota=N0025320
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