miércoles, 2 de octubre de 2013

Gestos que transforman

ALGO SE MUEVE EN LA SANTA SEDE

Las muestras de sencillez que prodiga Francisco ya imponen algunos cambios de hábitos en la jerarquía eclesiástica Las reformas de calado "no van a ser fáciles", reconoce

19/08/2013
"¿Podría prestarme unas monedas?". La monja de Santa Marta se volvió sorprendida al escuchar la voz del papa Francisco, que le pedía unos céntimos para el café de la máquina que toma cada día. De vivir en el apartamento papal, se lo habrían servido en porcelana y cucharilla de plata.

En la residencia hay dos ascensores y los gendarmes intentan que uno esté siempre libre para Su Santidad, que vive en el segundo piso, aunque no lo consiguen del todo, porque Jorge Bergoglio toma el primero que llega. Les sucede a menudo a los 50 o 60 eclesiásticos que usan la residencia: se lo encuentran de repente, a veces cuando las puertas ya se están cerrando, y siguen las inevitables inclinaciones y genuflexiones y, sobre todo, el embarazo. "¡Que no muerdo, hombres!", suele decirles Francisco. 

Son anécdotas del estilo de vida del Papa argentino, que desmoronan la imagen casi sagrada que tenían los pontífices. "¿Qué hace aquí?", le preguntó un día Francisco a un obispo en la puerta de la residencia. Le respondió que esperaba a que fueran a buscarle. "¿Y no puede ir andando?", le dijo Bergoglio, quien poco antes había rechazado una comitiva de coches oficiales puesta a su disposición para un traslado de 50 metros.
El Mercedes con matrícula SVC 1, reservado a los papas, permanece casi siempre en el depósito de la flota vaticana, con nueve vehículos más. Pocos monseñores se atreven ahora a pedir uno de los otros 50 coches reservados. Días atrás Francisco pasó revista a toda la flota, lo que se interpretó como indicio de que alguna medida tomará. Él se desplaza con un Ford Focus u otros vehículos de gama baja, como sucedió en Brasil.
Dentro del Vaticano ya no hay tampoco obispo o cardenal que luzca una cruz o anillo de oro desde que Francisco apareció el 13 de marzo en el balcón de la basílica, recién elegido, con su cruz de hierro. Minutos antes había renunciado a probarse alguno de los 50 pares de zapatos rojos que le ofrecían, para quedarse con sus cómodos y gastados zapatos negros. 

Todos estos gestos son de por sí transformadores, pero los cambios de calado "no van a ser fáciles", dijo el propio Francisco al periodista argentino Jorge Milia. "Aquí hay muchos amos del Papa y con mayor antigüedad", añadió. "¿Ha terminado el expediente?", preguntó por teléfono el Papa al cardenal Tarsicio Bertone, secretario de Estado, a quien el día anterior había transmitido un dosier. Así se aseguraba que no ocurra como en el pasado, cuando la burocracia a veces organizaba zancadillas a las disposiciones papales no publicándolas en el equivalente al BOE, o colocando el expediente en el fondo del montón.

Visto lo visto, se diría que la Secretaría de Estado pierde peso como organismo central para pasar a ser más bien una secretaría del Papa, lo que, en un futuro, debería comportar un papel mayor de los obispos y las conferencias episcopales. Y de las mujeres. "Son más importantes que los obispos y los curas", ha dicho. 

Fuente:  http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/sociedad/gestos-que-transforman_876624.html

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