martes, 30 de julio de 2013
Francisco publica "Lumen Fidei", su primera encíclica escrita junto a Benedicto XVI y pide recuperar la fe y defiende el matrimonio entre hombre y mujer
En la introducción, el papa explica el objetivo de la encíclica, "responder a la objeción de muchos comtemporáneos" de que la fe "ya no sirve para los tiempos nuevos, para el hombre adulto, ufano de su razón, ávido de explorar el futuro de una nueva forma".
En la primera encíclica de su pontificado, Lumen Fidei (La luz de la Fe), el papa Francisco defiende "la unión estable de un hombre y una mujer"
y subraya la necesidad de recuperar la fe en el mundo actual "en el que la fe es vista como un un salto al vacío que impide la libertad del hombre".
Francisco asegura también que la fe no es intransigente y el creyente no es arrogante y que la fe "sin verdad, no salva".
"(La familia) nace del reconocimiento y de la aceptación de la bondad de la diferenciación sexual y fundada sobre el amor de Cristo, promete 'un amor para siempre' y reconoce el amor creador que lleva a generar hijos", señala el texto de 84 páginas.
Se trata de la primera encíclica escrita por dos pontífices vivos, pues es una continuación del documento que inició Benedicto XVI, quien renunció a su pontificado el pasado 28 de febrero.
"Él había completado prácticamente una primera redacción de esta carta encíclica sobre la fe. Se lo agradezco de corazón y, en la fraternidad de Cristo, asumo su precioso trabajo, añadiendo al texto algunas aportaciones", dice Francisco en la introducción.
Además, es la encíclica emitida más rápido desde el nombramiento de un pontífice, informó el Vaticano. Las encíclicas son los documentos más importantes que escribe un pontífice. La primera en la historia de la Iglesia fue escrita por Benedicto XIV en 1766.
Una encíclica suele estar redactada en latín, el idioma oficial de la Santa Sede, pero es traducida a varios idiomas y su título se toma de sus palabras de inicio.
Benedicto XVI presentó tres encíclicas: Deus caritas est (Dios es amor), sobre el amor y la caridad eclesiástica; Spe salvi (Salvados en la esperanza), sobre la esperanza cristiana; y Caritas in veritate (Caridad en la verdad), de carácter social.
Juan Pablo II publicó catorce encíclicas, la primera en 1979, Redemptor hominis, en la que trazó los principios de su ministerio papal; y la última en 2003, Ecclesia de Eucharistia, sobre la Eucaristía.
Uno de los papas más prolíficos en encíclicas fue León XIII (1878-1903), que escribió 86, entre ellas Rerum Novarum, la primera gran encíclica social, en 1891.
Pío X (1903-1914) redactó 16 y Benedicto XV (1914-1922), catorce. Pío XI (1922-1939) escribió 30, Pío XII (1939-1958), 41; y Juan XXIII (1958-1963) presentó ocho.
Pablo VI (1963-1978) redactó siete y a Juan Pablo I (1978-1978) no le dio tiempo a escribir ninguna, ya que falleció a los 33 días de ser elegido Papa.
"Es urgente recuperar el carácter luminoso propio de la fe, pues cuando su llama se apaga, todas las otras luces acaban languideciendo", subraya el papa Bergoglio en el texto, en el que asegura que si desaparece la fe en Dios de nuestras ciudades, "se debilitaría la confianza entre los hombres, que quedarían unidos sólo por el miedo".
El texto inicia con una referencia a Nietzsche, que criticaba al cristianismo por haber rebajado la existencia humana, "quitando novedad y aventura a la vida". El papa señala que para el filósofo la fe era un espejismo que impide avanzar como hombres libres hacia el futuro y que la fe acababa asociada a la oscuridad.
"Cuando falta la luz, todo se vuelve confuso, es imposible distinguir el bien del mal", dice Francisco, que exhorta a los cristianos a "no avergonzarse" de confesar públicamente a Dios, "porque la fe ilumina la vida social".
Francisco afirma que la fe no es un presupuesto que hay que dar por descontado, "sino un don de Dios que debe ser alimentado y fortalecido", y tampoco algo privado o una opinión subjetiva, "sino que nace de la escucha y está destinada a convertirse en anuncio". La fe sin verdad no salva, no da seguridad y que por ello recuperar la conexión de la fe con la verdad es hoy más necesario que nunca "debido a la crisis de verdad en que nos encontramos".
"En la cultura contemporánea se tiende a menudo a aceptar como verdad sólo la verdad tecnológica, lo que el hombre puede construir y medir con la ciencia. La verdad grande, la que explica la vida personal y social es vista con sospecha", denuncia el papa.
Francisco asegura que la verdad no se impone con la violencia y no aplasta a la persona y que por ello la fe no es intransigente y el creyente no es arrogante, "al contrario, la verdad le hace humilde".
La encíclica concluye con un texto del pontífice argentino dedicado a María, "icono perfecto" de la fe y contiene una frase célebre del pontífice latinoamericano que suele lanzar a los jóvenes: "No se dejen robar la esperanza".
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